PARÍS.- Pocos políticos cuentan con tanto reconocimiento como la ministra de Economía francesa, Christine Lagarde, elegida nueva directora gerente del FMI.
Lagarde, de 55 años, trabajó mucho tiempo en EEUU y durante la crisis financiera se ganó la reputación de saber manejarla, cualidad necesaria para ocupar el sillón dirigente del FMI.
En Francia es una excepción política. Fue una de las pocas que consiguió escalar hasta la élite gubernamental sin haber ocupado previamente cargos en las administraciones o en un partido y hasta la oposición la aprecia. Concentrada en hacer su trabajo silenciosamente, se mantiene además alejada del mundo del lujo y el glamour. En 2010, la revista "Times" la situó entre las 100 personalidades más influyentes del mundo. Junto a ella, sólo figuraba otro francés, el socialista Dominique Strauss-Kahn, hasta ahora director del FMI. El único punto débil de Largarde es un escándalo financiero. Desde el grupo parlamentario socialista francés se la acusa de comportamiento incorrecto debido a que en 2008 apoyó una sentencia arbitral que otorgó al empresario Bernard Tapie una indemnización de 285 millones de euros. Esta decisión podría suponer la apertura de un proceso en su contra por complicidad en malversación de fondos públicos. Y en caso de que se llegue a juicio, ni siquiera sus mejores contactos podrían ayudarla.